jueves, 28 de octubre de 2010

Un animal político al que el cuerpo le pasó factura

Buenos Aires, 28 de Oct. .- Era un secreto guardado bajo siete llaves, pero los más íntimos colaboradores del ex presidente Néstor Kirchner sabían que, aunque él se empeñara en negarlo, su salud estaba en serio riesgo. Este año, la primera intervención de urgencia que recibió fue el 7 de febrero a raíz de una obstrucción de la arteria carótida derecha durante la cual se le sacó una placa ulcerosa. La segunda fue el sábado 11 de septiembre, por un problema coronario. Se le realizó una angioplastia con colocación de un stent en la arteria coronaria obstruida. Si bien le darían el alta en 24 horas, el ex mandatario dejó el sanatorio horas antes de que eso sucediera, y a los dos días se mostró como si nada en un acto de la Juventud Kirchnerista. De ahí que sus colaboradores lo consideraban un "animal" de la política, que anteponía sus diversas y estresantes actividades a su propia salud.

Jamás quiso dar muestras de debilidad: ese 11 de septiembre entró caminando a la Clínica de Olivos, con un fuerte dolor en el pecho; pero así y todo quiso ver el partido de Racing antes de ser trasladado al Sanatorio Los Arcos para su intervención. Luego de la operación, decidió retirase antes del alta.
La salud de Kirchner comenzó a preocupar este año, pero ya había malos antecedentes. En 1996, cuando empezaba su segundo mandato como gobernador de Santa Cruz, fue operado de hemorroides y además le comunicaron que padecía una enfermedad denominada colon irritable, la misma enfermedad de la que murió su padre a los 64 años.

Según el libro "El Dueño", de periodista Luis Majul, el día en que lo operaron de hemorroides, Kirchner se escapó, interrumpió el estricto reposo recomendado por su médico personal, Luis Buonomo y se puso a trabajar en su despacho de gobernador, un par de horas después de haber sido intervenido. "En plena reunión de trabajo, como no se sentía del todo bien, le pidió a su vicegobernador, Eduardo Arnold, dos cosas. Una: que llamara a Buonomo. Y la otra: que le avisara a su mujer que se había terminado de operar de hemorroides", expresa Majul.
Para esa época, "fumaba Jockey Club, tomaba whisky Criadores, apostaba en la ruleta casi siempre al número 29 y comía cualquier cosa, hasta que un buen día se asustó y su vida cambió para siempre".

En 2004, siendo ya presidente, sintió que se moría mientras estaba en el hospital José Formenti, de El Calafate. La habían diagnosticado gastroduodenitis erosiva aguda con hemorragia. Había tomado un analgésico y antiinflamatorio sin consultar a su médico porque le dolía la muela. Empezó a sentirse mal casi de inmediato. Por la noche empezó a vomitar. Tuvo que ser sometido a una transfusión de sangre equivalente a la mitad de los glóbulos rojos de todo su cuerpo.

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